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No te quemes por ser perfecto

En mucha ocasiones habremos oído pronunciar la frase “tu único defecto es que eres un perfeccionista”. Esta frase no está muy lejos de la realidad. Si mantenemos un nivel de exigencia respecto a nosotros mismos muy elevado aceleraremos la velocidad a la que nos quemamos por el trabajo y desarrollamos el síndrome de burnout.

Ser perfeccionista es malo para el síndrome de burnoutSi ya resulta difícil luchar con la frustración de un trabajo que no se corresponde con nuestras expectativas, mucho más difícil es si ni siquiera nuestra labor está jamás a la altura de lo que esperamos. Un alto nivel de exigencia es pernicioso para nuestra salud laboral porque nos obliga a nosotros mismo a trabajar en exceso y a mantener una valoración continuamente negativa sobre los resultados de nuestro trabajo.

Así pues, es conveniente alejarse de un elevado grado de perfeccionismo y “ser humano”. El primer paso consiste en saber cuándo está acabada una tarea. Para ello es imprescindible evaluar previamente lo que queremos conseguir, cómo lo queremos conseguir y el esfuerzo que acarreará. Es importante ser realista a la hora de fijar estos objetivos. Una vez cumplidos debemos darnos por satisfechos y dar por finalizada la tarea sin necesidad de dar eternos retoques extra.

Necesitamos conocer nuestros propios límites. A la hora de acometer una tarea o aceptar un trabajo debemos ser conscientes de cuánto podemos esforzarnos y en qué ocasiones especiales podemos dar un poco más de nosotros mismo. Trabajar por encima de nuestras posibilidades debe darse en contadas ocasiones que realmente valgan la pena tras un análisis previo. Convertir el sobreesfuerzo en rutina laboral genera una importante carga de frustraciones y nos quema.

En esta línea, debemos ser conscientes de nuestros errores y equivocaciones. Errar es un proceso natural de mejora. No debemos afrontar un posible error como un fracaso sino que debemos analizar en qué punto fallamos y aprender de él para no repetir el mismo error en un futuro.

Si necesitas ayuda, no dudes en pedirla. Cuatro ojos ven más que dos y debes agradecer siempre la ayuda que un compañero pueda prestarte. No te obsesiones con acometer una tarea en solitario si te resulta muy laborioso y acude a compañeros o jefes para recibir un poco de ayuda.

Como todos los humanos, necesitas descansar de vez en cuando. Realiza pequeños paros durante la jornada laboral para estirar las piernas, reposar un poco o despejarte las ideas antes de que acabes saturado. A la larga tu rendimiento será mucho mayor que llevar a cabo un trabajo del tirón.