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El síndrome de burnout personal, mi actitud como causa

El síndrome del burnout tiene una causa muy probable en nosotros mismos. Nuestra actitud inicial y su evolución frente a un trabajo es la piedra angular que determina el desarrollo del síndrome de burnout. Quemarse en el trabajo comienza por una concepción errónea de éste y por nuestras expectativas poco mesuradas.

El síndrome de burnout mina nuestra autoestimaEl principal desencadenante del síndrome de burnout consiste en poseer unas expectativas que no se corresponden a la realidad de nuestro nuevo trabajo. Lo que a priori pueden parecer buenas cualidades, sobretodo para la empresa, no lo son tanto para la salud laboral del trabajador, y a la larga tampoco para la empresa. De este modo, puede ser contraproducente tener una actitud demasiado idealista y altruista de cara al futuro empleo, ya que trabajaremos en exceso y por encima de lo que la empresa nos puede ofrecer en compensación.

El síndrome de burnout también puede radicar en la voluntad de ser demasiado perfeccionista. El deseo de lograr una eficacia extraordinaria puede caer en saco roto cuando con el tiempo se constata que el sobreesfuerzo no puede ser compensado por la empresa y que otros compañeros que han trabajado menos reciben la misma recompensa.

Por último, el componente emocional también puede ser la cerilla que nos queme en el trabajo. Si nos mostramos muy empáticos y deseamos implicarnos emocionalmente con nuestro entorno laboral seremos más vulnerables a la decepción y frustración previas al síndrome de burnout. Mostrarse muy colaborativo puede acarrear un exceso de trabajo al ayudar a los demás que puede no verse gratificado por el entorno en igual medida. Sin embargo, el extremo contrario puede ser peor. Mantener una actitud distante impide desarrollarse en el trabajo y alcanzar los objetivos de satisfacción deseados, además de hacer menos llevadera la experiencia.